¿Cómo se ve Almendralejo cuando no se vive en él?, ¿Cuando sólo se ve unas pocas veces al año?. Vivir lejos en distancia, pero cerca en el corazón
Una tarde de fútbol en Almendralejo se vive con sentimiento, con ganas. Sus gentes la sienten como el remate perfecto a una semana repleta, o no, de preocupaciones. Pero aquella tarde aquel interés se centraba en qué equipo debían apoyar de los dos que se enfrentaban: ¿El C.F. Extremadura o el U.D. Extremadura?
El fútbol siempre se ha vivido de manera distinta en Almendralejo. Algunos podrían pensar que hablar en estos términos sobre el sentimiento de esta ciudad por el deporte rey es precipitarse, ¿pero no es cuánto menos revelador que cada vez que había partido de Primera División en la capital de la comarca de Tierra de Barros allá por el año 1999, algo más de un tercio de sus habitantes acudían al estadio?
Ahora quizá el estadio no se llenaba de tal manera, ni tan siquiera conseguía un “buen aspecto”, pero sólo hacía falta echar un vistazo, más bien un oído, a las tertulias matinales de la radio, y a las nocturnas de la televisión, para darse cuenta que el tema del fútbol se trataba con tanto ímpetu que esas discusiones podrían llegar a equiparse a los feroces debates electorales.
La tarde de ayer no era una cualquiera. No era un partido más. Hace unos años era difícil pensar en una división tan pronunciada entre la afición, cualquiera tomaría por loco a aquel que pudiera sugerir la idea de que el C.F. Extremadura, aquel equipo que ofrecía gestas e ilusiones a sus habitantes, terminaría divido en dos y luchando por hacerse con el corazón de sus ciudadanos.
En Almendralejo el partido empezaba a vivirse ya desde por la mañana. Los ciudadanos salían a tomar las habituales cañas y aprovechaban las conversaciones sobre el partido de la noche anterior de Primera División para enlazar la charla con el partido que se les avecinaba por la tarde.
Otros domingos recorrían la ciudad aficionados del equipo visitante. Era lo bueno de estar en categorías tan bajas del deporte rey: las ciudades a las que pertenecían los equipos no distaban las unas de otras más de 100km. Así, muchas familias, cansadas de la rutina dominguera, aprovechaban la excusa de ver a su equipo jugar para hacer un poco de turismo. Pero ayer no ocurría así. Ayer jugaban dos equipos de la ciudad, dos visiones distintas del futuro futbolero de la ciudad.
El futuro futbolero de la ciudad
Hace tres años el C.F. Extremadura, aquel que había llevado el nombre de la ciudad por toda la geografía española gracias a la gesta de colarse en la por entonces llamada “Liga de las Estrellas”, fue descendido por la RFEF hasta Regional Preferente. Los aficionados culparon al presidente, le llamaron “corrupto”, “mangante”; y los más decepcionados decidieron fundar otro equipo, la U.D. Extremadura...con los mismos colores.
Por eso, aquel día era difícil diferenciar a unos aficionados de otros. Todos vestían los mismos colores: el azulgrana, pero bajo distinto escudo. No obstante, tantos unos como otros se mostraban melancólicos y recordaban tiempos mejores cuando jugaban bajo el mismo emblema.
Después de la comida, a eso de las cuatro de la tarde, la gente ya empezaba a sentir el “gusanillo” y calmaban sus nervios con un café. Las tertulias giraban entorno a la posibilidad de volver a conseguir lo que perdieron un día y volver a estar entre los más grandes del deporte rey.
La hora del partido se acercaba. Así lo anunciaba la megafonía como cada domingo. Los últimos éxitos de la música española se mezclaban con los escasos anuncios publicitarios. La crisis también había llegado al estadio.
Los aficionados de uno y otro equipo abandonaban las cafeterías cercanas para ir entrando al “Municipal Francisco de la Hera”. No había prisas. Jugando en categorías tan inferiores ya no había que pararse en puestos para comprar bufandas o camisetas. No había que reservar ni tan siquiera los asientos.
Y el árbitro pitó el comienzo del partido. Los olés, los insultos, los ánimos del público parecían la perfecta crónica para saber que estaba ocurriendo entre aquellas “cuatro paredes”. ¡¡Goool!!, se pudo escuchar en varias ocasiones.
Caras alegres y no tan tristes
El final del partido llegó como agua de mayo para algunos, y como una jarra de agua fría para otros. El nuevo equipo, la U.D. Extremadura, había ganado al antiguo, el C.F. Extremadura, por un contundente 4-1. Un resultado que para muchos era más que una legítima cesión del reinado del viejo Extremadura al nuevo.
Los aficionados volvieron a sus casas no sin antes tomarse la también habitual caña de después del partido. Ahora tocaba hablar de “su” partido mientras veían otro: “el del Plus”. “¡Qué tiempos aquellos cuando retransmitían nuestros partidos!”, pensaron muchos. Seguían siendo dos equipos, un mismo color.